Journalist Report – January 17th

Waking up on mars

Author: Liza Forero

This morning the MDRS woke up with a chimerical dawn and the silence and peace that I feel while I see it begins to invade every cold bone inside of me. I can see in my partners something different from the first time I saw them, in the way they look, in the energy they transmit and in each laugh they share.

In the morning, we were all waiting to have our third EVA, however, I think this delay increases my anxiety more than it does to the rest, maybe it’s because of the need to be outside, to be able to walk, to feel the earth under my feet and see majesty on every horizon; that majesty that leaves you breathless, but fills you with satisfaction, pleasure, nature, life.

As we walk through the valleys and reach the hills, a shadow chases me, the shadow of reality. That reality of which I am possibly fleeing by being here. But the walk continues and while the fatigue takes over my body I realize that there are glimpses of happiness in each day, in the friends that I have, in the landscapes I walk and in the work that I do

The day ends with tired bodies, with laugh and with the desire to continue experiencing the day to day that this desolate and reddish place offers us. We hope that each one of us be able to assess and learn from everything that this place inspires.

After five days of being here you could say that you have already established a routine and you get used to doing the same thing, to see and talk with the same people but the reality it is not like that, I think the word habit will not be at the moment the one who describes this place once he has left it and look back to remember this space, this cold, this piece of no man’s land but of all those who are willing to really see it, feel it, live it.

There is a wonderful feeling in all this. Maybe the places where you think nothing could live is where you can feel alive again and wake up from the lethargy in which life itself can envelop you. Maybe there is more life in an arid desert than anyone could imagine.

Despertando en marte

Autor: Liza Forero

Esta mañana el MDRS despertó con un amanecer quimérico y el silencio y paz que siento mientras lo veo empieza a invadir cada frio hueso dentro de mí. Puedo ver en mis compañeros algo diferente respecto a la primera vez que los vi, en la forma en la que se ven, en la energía que transmiten y en cada risa que comparten.

En la mañana, todos estábamos a la expectativa de tener nuestro tercer EVA, sin embargo, creo que esta dilación aumenta más mi ansiedad que al resto, tal vez sea por la necesidad de estar afuera, de poder caminar, de poder sentir la tierra bajo mis pies y ver majestuosidad en cada horizonte; esa majestuosidad que te deja sin aliento, pero te llena de satisfacción, de placer, de naturaleza, de vida.

Mientras caminamos a través de los valles y alcanzamos las colinas, una sombra me persigue, la sombra de la realidad. Esa realidad de la cual posiblemente estoy huyendo al estar aquí, pero la caminata continua y mientras el cansancio se apodera de mi cuerpo me doy cuenta de que hay destellos de felicidad en cada día, en los amigos que tengo, en los paisajes que recorro y en el trabajo que hago.

El día acaba con cuerpos cansados, con risas y con ganas de seguir experimentando al máximo el día a día que este lugar desolado y rojizo nos ofrece, esperamos que cada uno de nosotros pueda valorar y aprender de todo lo que este lugar inspira.

Después de cinco días de estar aquí se podría decir que ya se ha establecido una rutina y te acostumbras a hacer lo mismo, a ver y hablar con las mismas personas pero en realidad no es así, creo que la palabra costumbre no estará al momento en el que describa este lugar una vez lo haya dejado y mire atrás para recordar este espacio, este frío, este pedazo de tierra de nadie pero de todos los que estamos dispuestos a realmente verlo, sentirlo, vivirlo.

Hay un maravilloso sentimiento en todo esto. Tal vez lo lugares en los que piensas que nada podría vivir es donde puedes sentirte vivo de nuevo y despertar del letargo en el que la vida misma te puede envolver. Tal vez hay más vida en un árido desierto que cualquiera podría imaginar.